sábado, 22 de junio de 2013

Conflicto Interno

Ocurrió sin previo aviso, como la primera calada de un cigarrillo para un novicio. Recuerdo su manera de andar, elegante y al mismo tiempo salvaje; su pelo al vuelo movía pequeños hilos que me llamaban a bailar con ella; su perfume inexistente, casi etéreo, despertaba las caricias que se ocultaban detrás de una puerta sellada desde hacía demasiado tiempo.

Nuestras miradas, cargadas de experiencias personales, nos transportaron al mundo de los miedos y las dudas. Sin embargo, nuestros sentidos atentaban contra nosotros mismos, contra todas esas promesas llenas de odio y frustración que en las frías noches de soledad habíamos conjurado arropados por la oscuridad y las lágrimas.

Había algo en aquella chica que me llamaba a traicionarme a mi mismo, a traicionar en todo lo que había creído, por todo lo que había luchado. Una promesa de comprensión y afecto, de comodidad y felicidad. Algo para lo que ninguno estábamos preparados.

El tiempo y el espacio se detuvieron para mi. Buscaba un hueco entre nuestros muros, una sonrisa, quizás una mirada. Ella estaba perdida en sus pensamientos, buscaba todas las posibles conexiones y todas las situaciones; su cuerpo mostraba serenidad y normalidad, pero sus ojos mostraban fragilidad. Fue el momento que necesitaba para pasar entre ambos muros, para salir de la soledad, para conocer a Sam. 

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